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Safo – transmisión Alejandria y Roma

25 abril, 2010 Deja un comentario

¿Cómo ha llegado a hoy lo escrito entonces? La época alejandrina y romana.

La Filología, es decir, la recopilación, la cuidadosa edición de las obras literarias, su explicación y comentario, nace en la Alejandría de la dinastía de los Ptolomeos, en la Biblioteca fundada por Ptolomeo I Soter a principios del siglo III a.C. Más tarde, Pérgamo le hará competencia en esta tarea.

Foto tomada de http://www.culturaclasica.com y foto de googlearth

En la Biblioteca se llegaron a reunir entre 200.000 y 490.000 volúmenes; el proyecto era recoger en ella todo lo publicado, incluso la Biblia se tradujo para incluirla. Los ejemplares recopilados se catalogaban. A esta tarea, y a editar y explicar los autores antiguos, se dedicaron tres generaciones de filólogos. Los más conocidos son Zenódoto, Aristófanes de Bizancio y Aristarco. Sus ediciones son la fuente de los modernos textos. Es ahora cuando los textos que seguían en alfabeto ático pasan al jonio. Se acentúan los textos poéticos, aunque no todos ni sistemáticamente, y se escriben métricamente. Se introduce ocasionalmente un espíritu áspero para evitar una ambigüedad. La puntuación es insegura y arbitraria; generalmente, un punto alto o un espacio al final de una proposición. Esta fue la época óptima en la conservación de la literatura griega: a partir de entonces sólo se produjeron pérdidas de obras literarias, no adquisiciones. Su trabajo llega al final de la Antigüedad, con una cierta decadencia, sin embargo, desde el siglo I d.C. por la influencia del cristianismo y de Roma. En el siglo II d.C. se pasa del volumen al códice, de papiro primero y de pergamino luego. Era más cómodo de usar, de conservar y, además, permitía numerar las páginas. Poco a poco el papiro se sustituyó por el pergamino. Cuenta Plinio que se inventó en Pérgamo cuando el faraón Ptolomeo Epífanes (205-182 a.C.) prohibió la exportación de papiro egipcio para impedir el crecimiento de la Biblioteca de su rival Eumenes II de Pérgamo (197-159 a.C.). Sin embargo, ya antes del papiro se había usado en Grecia la piel de animales para escribir. Heródoto cuenta que los jonios la usaban antes de conocer el papiro. La piel se lavaba, se raspaba, se pulía con piedra pómez y se le daba un baño de creta.

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En los siglos II y III d.C., por necesidades escolares y por el descenso del nivel cultural, se hicieron comunes las antologías y selecciones de autores antiguos, que dejaron de publicarse completos. Las obras no incluidas en estas antologías se perdieron.

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Safo – Difusión de la literatura

18 abril, 2010 Deja un comentario

De la Grecia antigua quedan textos escritos sobre soportes no perecederos: piedra, bronce, cerámica. El texto servía para identificar el objeto sobre el que se escribía, indicando su origen y su destino. Son textos breves, y su contenido responde a una fórmula “standard”, distinta según la utilidad del objeto sobre el que se inscribían: el nombre del pintor, si es una vasija cerámica, la identificación del difunto en un monumento funerario, el nombre de los oferentes y de la divinidad en un monumento u objeto votivo, etc. Más extensos y variados son los textos administrativos (leyes, decretos, etc.). Esta clase de textos aporta una información valiosa, pero no puede competir con la contenida en las obras literarias (poesía, filosofía, oratoria, historía), por su extensión y por su intención.

Hasta el siglo V a.C. las obras literarias griegas se daban a conocer al público oralmente: la poesía a través de recitales en festividades públicas o banquetes privados, la prosa en lecturas públicas para grupos de amigos. Por ello se han perdido muchas obras.

Comenzaron a escribirse sólo como “chuletas” para ayudar a la memoria del autor o del intérprete. Algunas ciudades establecieron por escrito un texto de los poemas de Homero (Ilíada y Odisea), que tenía carácter oficial: era el texto usado para las recitaciones en las festividades locales. Así lo hizo, por ejemplo, el tirano de Atenas, Pisístrato, a principios del siglo V a.C. Isócrates (un orador del siglo IV a.C.) fue el primer griego que compuso para ser leído. Y aún así, fue costumbre hasta el fin de la Antigüedad leer en voz alta.

http://www.ivoox.com/poesia-homero-odisea_md_190548_1.mp3″ Ir a descargar
Las obras escritas no circulaban como hoy. No existía imprenta. Del texto autógrafo del autor un copista experto haría una copia maestra (apógrafo), que sería el modelo de las copias manuscritas posteriores. Tampoco había librerías; el comercio de libros nace en la segunda mitad del siglo V a.C. en Atenas y quizá también en Rodas y Sicilia. Al principio era un “comercio de amistad”: el autor hacía copias para amigos, o bien, personas interesadas por un escrito se las ingeniaban para conseguir un modelo del que encargar una copia para sí. De esta manera, Eurípides se hizo con una biblioteca privada. Y los actores encargados de representar una obra dramática necesitaban una copia escrita de la misma. Así que eran ediciones privadas. Pero pronto se amplió el círculo de compradores, y, además, se añadieron las necesidades escolares. A fines del siglo V a.C. ya exportaba Atenas libros a las ciudades del Mar Negro. Pero todavía el cómico Aristófanes (de ese mismo período) tílda al interés por los libros de excentricidad.

Pero en el siglo IV a.C, se desarrolló el comercio de libros con rapidez. No está claro que las obras tuvieran título. En cualquier caso, se solía citar una obra por las palabras iniciales. Lo que no suele faltar es la σφραγίς (“sello”), es decir, el nombre del autor, escrito al comienzo, generalmente en genitivo.

No existía nada parecido a los derechos de autor, por lo que, creada la obra, quedaba expuesta a cualquier manipulación. Por ello, el año 330 a.C. un magistrado ateniense, Licurgo, estableció un texto oficial de las obras de los tres trágicos atenienses, como texto canónico para las representaciones dramáticas en Atenas.

Safo – Materiales y Escritura

11 abril, 2010 Deja un comentario

El libro.

En los siglos VI y V a.C. los materiales habituales de escritura eran:

1.- Tablillas de madera cuya superficie se enceraba. Sobre ellas se marcaba con un punzón, cuyo otro extremo tenía forma de espátula. Servía para escribir notas y borradores.

2.- Para escritos que se querían conservar se usaba, desde el siglo VII a.C. en adelante, el papiro. La palabra βιβλίον, con que se designó a la médula del papiro y, luego, al propio libro, revela que fue llevado a Grecia por comerciantes fenicios (Biblos era una de las grandes ciudades fenicias). Es una planta egipcia, cuya médula se cortaba en tiras. Dos de ellas se superponían, una con la fibra en sentido vertical, otra con la fibra en sentido horizontal; las dos tiras se pegaban por presión y con ayuda de agua, y se pulía la superficie. Así se hacían hojas de 23 cm. De anchura y 23 de altura como media. Estas hojas se pegaban una con otra para formar un rollo (χαρτή) de longitud variable.

Desde la época alejandrina, un rollo normal podía medir de 9.144 m a 10.668 m, que podía contener un libro de Tucídides. Para evitar confusiones y extravíos, al principio de cada rollo iba un proemio con el título, autor y, a veces, un resumen de los rollos anteriores o una referencia a los mismos.

Los manuscritos medievales nos transmiten las obras antiguas divididas en libros y capítulos. Quizá esta división provenga de la antigua organización en rollos de papiro: de hecho, muchas obras antiguas constan de cinco libros, que recuerdan los cinco pergaminos que contenía cada caja.

La escritura, en esta primera etapa, ofrecía poca ayuda al lector: no se conocía la letra minúscula, no se separaban las palabras, no se destacaban las mayúsculas iniciales, sólo se acentuaban los textos poéticos (aunque no sistemáticamente; tampoco se escribían métricamente), la puntuación y el espaciado eran erráticos y arbitrarios, y la caligrafía recibe poca atención. Al final del rollo se añadían las palabras o líneas accidentalmente omitidas, con una flecha que indicaba dónde debían reponerse. Se borraba con un golpe de pluma o colocando puntos sobre la palabra en cuestión.

Vida de Safo – Sexualidad

4 abril, 2010 Deja un comentario

Safo en un florero rojo ático cifra por el pintorBrygos, ca. 470 a. C.Exilio

Durante la vida de Safo, Lesbos sufrió un profundo periodo de turbulencia política que acabó con la aparición del tirano Pítaco. De acuerdo con el Marmol de Paros, Safo fue desterrada a Sicilia, en algún momento entre 604 y 594. Cicerón confirma este exilio según un texto de una estatua de ella, al pie del foro de Siracusa. A diferencia de las obras de su poeta y amigo, Alceo, en la poesía de Safo conservada hay muy pocas alusiones a la situación política coetánea. La única excepción es el fragmento 98, que menciona su exilio, e indica que carecía de los lujos acostumbrados. No hay constancia explícita de su regresó del exilio en algún momento, aunque se piensa que paso la mayor parte de su vida en Lesbos.

Leyenda Faón

Una tradición que se remonta a Menandro (fr. 258 K) sugirió que Safo se suicidó saltando desde los acantilados Leucadia por el amor a Faón, un barquero. Esto se considera como anti-histórico por los eruditos modernos, quizás inventada por los poetas cómicos o procedentes de una interpretación errónea de una referencia en primera persona, en el tercer poema biográfico.

Acantilado de Safo

La sexualidad y la comunidad

La poesía de Safo centra sus temas en la pasión y el amor por los personajes diferentes y de ambos sexos. Las palabra lesbianas deriva del nombre de la isla de su nacimiento, Lesbos, mientras que su nombre es también el origen de la palabra sáfico, ambos términos se aplica únicamente a la homosexualidad femenina a partir del siglo XIX. Los narradores de muchos de sus poemas hablan de caprichos y el amor (a veces correspondido, a veces no) de mujeres diversas, pero las descripciones de actos físicos entre las mujeres son pocos y están sujetos a debate. Que estos poemas sean autobiográficos o no, no se puede afirmar, aunque algunos elementos de la vida de Safo podrían dar indicios de que corroborasen las experiencias descritas en los poemas. Su homoerotica debe ser colocado en el contexto del siglo VII, donde poetas como Alceo y más tarde Píndaro utilizan un registro romántico similar para referirse a los miembros de su círculo intelectual.

Su contemporáneo Alceo la describió así: “Violeta de pelo, puro, miel, sonriendo Safo”(ἰόπλοκ ἄγνα μελλιχόμειδε Σάπφοι, fr. 384). El filósofo del siglo III, Maximus de Tiro, escribió que Safo era “pequeña y oscura” y que sus relaciones con sus amigas fueron similares a las de Sócrates:

¿Qué más podríamos llamar el amor de la mujer lesbiana que el arte socrático del amor? Porque me parece que han practicado el amor a su manera, que el amor de las mujeres, el de los hombres. Para los que dijeron que amó a muchas, y fueron cautivados por todas las cosas bellas. ¿Así como hubo un Alcibíades y Cármides y Fedro, Gyrinna y Atis y Anactoria fueron las de ella …

Durante la época victoriana, se puso de moda describir a Safo como la directora de la escuela de jovencitas. Como Page DuBois (entre muchos otros expertos) señala, a esta descripción de Safo, comprensible y aceptable para las clases educadas de Gran Bretaña, se basaba más en la sensibilidad conservadora que en pruebas. No hay ninguna referencia a la enseñanza en la escasa colección de las obras supervivientes. Burnett sigue a otros, como CM Bowra, en lo que sugiere que el círculo de Safo era algo parecido a la espartana agelai o un cofradía religiosa, la Thiasos.

Obras

Edición Alejandrina de la poesía de Safo

En la Biblioteca de Alejandría estaba recogida la poesía de Safo en nueve libros, la mayoría en función de su metro:

  • Libro I, poemas compuestos en estrofa sáfica, 330 en todas las estrofas (fragmentos 1-42);
  • Libro II, poemas compuestos en glycónico líneas con la expansión dactílica (fr. 43-52);
  • Libro III, los poemas en dístico asclepiadeo (fr. 53-57);
  • Libro IV, otros poemas en dísticos o metros similares (fr. 58–91);
  • Libro V, probablemente compuesto de poemas en tres diferentes estrofas (fr. 92-101);
  • Libro VI (contenido desconocido);
  • Libro VII (sólo dos líneas han sobrevivido, fr. 102);
  • Libro VIII (véase fr. 103);
  • Libro IX, epitalamios en diversos metros, incluido hexámetro dactílico (fr. 104–117).

No todos los fragmento conservados puede ser asignado a un libro (fr. 118-213 están sin asignar),

Sobrevivir a la poesía

La proporción de poemas conservados de los nueve libros es muy pequeña, pero sigue constituyendo uno de los corpus poético más importantes. Su poema el Himno a Afrodita (fr. 1) es citado como un modelo de la “pulida y exuberante estilo de la composición por Dionisio de Halicarnaso, con admiración de su arte consumado:

Aquí el efecto eufónico y la gracia de la lengua surgen de la coherencia y la suavidad de las coyunturas. Las palabras de Nestlé cerca uno del otro y se entrelazan con arreglo a ciertas afinidades y atracciones naturales de las letras.
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